Hace muchos años atrás una chica ilusionada con la vida vivió una aventura de amor, un amor que al poco tiempo terminó. Su final no fue bonito, no fue como en los cuentos de hadas. Tras el dolor de ese amor y la herida que ese chico le dejo prometió a si misma jamás volver a amar.
Hasta que un día conoció a un hombre, un hombre distinto. Por el cual sí valía la pena entregarse desde el primer día en sus brazos. Y así lo hizo. Ahora ya no era una niña, sabía lo que hacía y se dejaba ilusionar con las palabras dulces que le decía ese hombre.
Un amor desde el principio intenso, apasionante. Pero la chica, que ya era una mujer, tenía miedo. Miedo de hacerle daño, miedo de que él le hiciera a ella. Y un día ella se pasó y lo hizo.
Él, dolido (o eso aparentó por su modo de hablar) simplemente le dijo"ya te lo explique". Tras hablar de la situación él pidió que le dejase un poco solo, que lo necesitaba. Ella lo respetó y dejo su espacio, con miedo de lo que podía pasar...
La mujer en su habitación se puso a pensar ya que era tarde y no era capaz de dormir. No era capaz, dicho dolor era insufrible. Sabía que lo que había hecho no estaba bien y lloraba porque él le dio todo y mucho más de lo que merecía y ella... Ella nada, una pobre mujer insegura, que sabía que lo que hizo no estaba bien. Que hay cosas que pasan, y confiar en una persona es fundamental. Lo penoso es tener que darse cuenta en momentos así. Cuando no duermes, cuando tienes los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.
Por primera vez en muchos años tuvo miedo de perder a alguien . Y de tanto llorar, cansada y confusa de la situación que le pasaba por fin el dulce sueño y la soledad le abrazaron y se durmió.
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